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Lugnasad, XIV edición PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Webmaster
  
miércoles, 25 de agosto de 2010
   El pasado día 6 -primer Viernes de Agosto como manda la tradición- se celebró la "noite celta" en Bretoña, organizada por la estupenda Asociación cultural Auruxeira entre cuyas filas me honro de contar con buenos amig@s. El mágico y maravilloso coto da Auruxeira se vistió un año más -y ya van catorce- con sus mejores galas, para conmemorar la fiesta céltica del Lugnasad, en honor al dios céltico Lug quien sin duda, un año más, habrá quedado satisfecho con los festejos celebrados en su nombre.
   Como cada año -cada año que voy, al menos- fue un placer reencontrarse con amigos para vivir otra mágica noche céltica en la mejor compañía. Este año, además de la visita de mis amigos Antonio, Luisa y Cartel anunciador de la fiesta celtaMaria José -llegados desde Madrid- fue un placer el reencuentro con Severiano, Eduardo Chao, Suso... entre otros amigos -y ex-compañeros de trabajo- como Víctor. ¡Una alegría veros a todos de nuevo!.
   La fiesta celta en sí, supuso también un reencuentro con el pasado, en todos los aspectos. El coto da Auruxeira lució como en sus mejores tiempos, engalanado para la ocasión desde la corredoira de acceso con las típicas velas -colgadas dentro de sus portavelas en las ramas de los robles- así como las meigas -que "habelas, hainas"- quienes hicieron acto de presencia escoba en mano para "animar" a quienes se adentraban en el bosque a correr, prestos, hacia el mágico lar del Lugnasad. Este año, además, la corredoira tuvo un aspecto si cabe aún más místico merced a una de esas máquinas de humo tan comunes en los conciertos y cuya niebla artificial convirtió el acceso a la fraga en una experiencia única. Casi se diría, una vez atravesada la neblinosa atmósfera, que uno accedía a un nuevo mundo... y así era, en cierta forma.
   En lo que a mí respecta, tras haber pasado el poco tiempo libre del que dispuse últimamente fabricando una espada y un escudo de cara a ampliar y mejorar mi atuendo céltico -que conservo de otras ediciones- ignoro el porqué -¿tal vez el frío?- una vez en Bretoña me dio el "bajón" y deseché la idea de vestirme de celta. Pero la falta de participantes así como la gran capacidad de convicción de Severiano y de Eduardo -y que tras dar una vuelta por allí uno se va Mi espada y mi escudo (a medio terminar)metiendo en el "ambientillo"- me hiceron cambiar de opinión y colaborar en la medida de mis posibilidades.
   Así que me atavié con mis prendas, abalorios y mi flamante espada -fue una lástima que no me diese tiempo a terminar el escudo, aunque me prestaron uno perteneciente al "arsenal" de la asociación- y participé tanto el la procesión y el rito de las bodas celtas así como en el conxuro de la queimada. Todo ello fue en esta ocasión aún más especial si cabe, puesto que dimos la bienvenida al nuevo druida Eduardo Chao, quien ofició todos los ritos típicos magistralmente... a pesar de estrenarse en el "cargo". Así que, ¡larga vida al nuevo druida!.
   La fiesta en sí fue estupenda, si bien en lo que respecta a esta edición algunas cosas han dejado bastante que desear. La primera la enorme falta de respeto y escasa -por no decir nula- educación de la concurrencia, cuyo comportamiento durante la celebración de la procesión y del rito de las bodas celtas fue -a mi juicio- verdaderamente vergonzoso. Se podrá aducir y tratar de justificar en base al alcohol -que todo el mundo sabe beber, pero al parecer pocos mear- a otras substancias más "etéreas"... o a que en este país la tasa de tarugos por metro cuadrado es muy superior a la de cualquier otro... Pero a esto no hay derecho.
   Me consta el trabajo de los organizadores y el esfuerzo que han derrochado y no es justo que unos cuantos becerros -no tienen otro nombre- desluzcan un acto que, si por algo se ha caracterizado siempre- ha sido por su atmósfera mágica, su recogimiento. Pero claro, para eso hace falta tener un poco de¡Están locos esos... celtas! respeto, algo que en este caso ha brillado por su ausencia.
   En otro orden de cosas -y esto me solivianta menos- cabe mencionar la flojera de la mayoría de grupos musicales que actuaron en el evento. En algunos momentos, la música invitaba a echar una buena siesta -y la hora era propicia- apoyado en un pino. Tan solo durante el último tramo de la fiesta los ritmos fueron animando al personal, porque lo que es al principio... hubo momentos de verdero tedio. Supongo que la tarea de elegir los grupos musicales no es sencilla, así que tampoco hay necesidad de darle leña a la organización, a la que en líneas generales, habría que calificar con un notable alto.
   No obstante, la experiencia fue -globalmente- muy positiva y agradable y espero con ganas la próxima edición. Porque, digan lo que digan los rumores... habrá una próxima edición ¿a que sí?. Venga... ¡nos vemos en Bretoña!.
 

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