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¿El mayor fraude de la Historia? (2) PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Webmaster
  
martes, 05 de agosto de 2008
   La llegada -o no- del hombre a la Luna el 20 de Julio de 1969 fue un hito histórico de tal magnitud que aún hoy en día -casi cuatro décadas después- cuesta imaginar su verdadera proporción así como sus consecuencias. De hecho, solo podría equipararse con la llegada de Colón al nuevo mundo. Y digo llegada -no descubrimiento- ya que Colón se apuntó el tanto, pero antes que él llegaron otros muchos... y esto es también una historia apasionante, si... pero otra historia, sin duda. Por ello me centraré en las historias -la oficial y la oficiosa- de la aventura del Apolo XI.
   Dada la espectación, el enorme despliegue informativo de los medios de la época y la campaña propagandística y triunfalista difundida a bombo y platillo, cuesta creer que tanto tiempo después, parte de la opinión pública -liderada por una pléyade de aficionados, conspiranoicos, estudiosos, expertos y "frikis" del tema- comenzase a plantearse la posibilidad de que la llegada del hombre a la Luna fuese un fraude de proporciones bíblicas.
   En efecto, los años han ido transcurriendo inexorablemente y los tiempos han cambiado mucho. En 1969, cualquier ciudadano de a pie -residente en el "primer mundo", claro está- tenía acceso a una  cantidad muy limitada de información, apenas la que podía mostrar aquella arcaica televisión, la radio o un simple periódico. Y no todo el mundo tenía un televisor... Tampoco en aquella época se podía disponer de reproductores de vídeo, no se tenía acceso a las filmaciones y, por supuesto, tampoco a las fotografías de NASA ni a los conocimientos y medios necesarios para realizar un somero y superficial análisis de las mismas... El más afortunado, en todo caso, dispondría de una granulosa fotografía de periódico... y tal vez una lupa.
   Hoy la información fluye en cantidades y velocidad inimaginables en aquel ya lejano 1969. Y la opinión pública dispone de una formación, una información y medios técnicos de las que entonces carecía. Por desgracia, seis décadas después, seguimos hablando del "primer mundo"... en los otros todo sigue igual. Bueno, también en el primer mundo hay millones de consumidores de "grandes hermanos", "salsas rosas", "factores X" y revistas del ramo que tienen el mismo coeficiente intelectual y formación que una almeja macha... ni ganas de tenerla, ellos "encantados de haberse conocido". Pero esa es otra historia.
   Los archivos públicos de la NASA -lo poco que nos dejan ver, ya que lo realmente importante no lo veremos jamás- son accesibles desde cualquier hogar del planeta con una conexión a Internet... Y el material de NASA ha sido analizado a fondo, tanto por simples curiosos como por expertos, desvelando inquietantes anomalías que ni la propia NASA ha sido capaz de explicar a día de hoy, a pesar de haberlo intentado por todos los medios a su alcance. Y hablando de NASA, los medios son prácticamente ilimitados...
   Por ello -llegasen o no Armstrong y compañía a la superficie lunar- de lo que no cabe duda es de que la mayor parte del material de NASA sobre la misión Apolo XI no pasa un análisis meramente superficial. La explicación a las anomalías -en algunos casos auténticas incoherencias y aberraciones que contradicen las más elementales leyes de la Física- que presenta buena parte del material de la propia agencia estadounidense, así como los innumerables interrogantes que éstas plantean, precisan algo más que unas líneas para ser abordadas con suficiente precisión. Porque analizando las pruebas físicas, apelando a los acontecimientos de la Historia y analizando todo ello con un mínimo de sentido común, cualquier persona -a menos que sea completamente boba- podrá ver que se plantean dudas más que serias al respecto y que -aún sin entrar en tecnicismos- hay decenas de preguntas que ni siquiera la propia NASA ha podido responder... o cuya titubeante y ridícula tentativa de respuesta -más bien precario subterfugio- no ha hecho más que alargar la ya de por sí extensa sombra de la duda... cuando no sembrar nuevas dudas al respecto.
   Pero en lo que a las acusaciones de fraude en torno a la "conquista" lunar respecta, imagino que -como sucede con cualquier evento histórico- éstas no obedecen a una sola causa, sino a una concatenación de causas. Con la guerra fría y la carrera espacial como telón de fondo, la perentoria necesidad de asestar un golpe definitivo a la URSS, una gran abundancia de recursos y la total y absoluta falta de escrúpulos, de moral y de integridad que han caracterizado desde el primer día de su existencia al pueblo estadounidense... el caldo de cultivo era, si no el perfecto, si muy próximo a la perfección...
   Como solía decir mi "primo" Sherlock, "una vez eliminado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad". Y si no lo dijo, seguro que lo pensó. A mi, principalmente se me ocurren tres hipótesis al respecto, a saber:

   a) El hombre llegó a pisar la Luna y la corriente apoloescéptica se debe únicamente a la mente calenturienta de cuatro "pirados". El material de NASA es auténtico, fiable y creíble y las anomalías que presenta se deben a meras casualidades.
   b) El hombre llegó a pisar la Luna, pero el material de NASA -bien porque sufrió un accidente y se dañó de forma irreversible o bien porque en él había "algo" -fuera lo que fuese- que convenía no mostrar a la opinión pública ni a la comunidad científica internacional -recordemos el caso Alan Davis- es un burdo fraude preparado en estudio, dentro de una instalación militar de alta seguridad.
   c) El hombre no llegó jamás a pisar la Luna y el material de NASA es un burdo fraude preparado en estudio, dentro de una instalación militar de alta seguridad.
   d) La "hipótesis descabellada", que expondré más adelante. Si, ya sé que hablé de "tres" hipótesis al respecto, pero como la NASA, estoy en mi perfecto derecho de variar el guión sin previo aviso... ¿o no?.

   A modo de mero apunte, mencionaré la historia de Bill Kaysing. El venerable anciano, vecino de la localidad de Soquel (California) en el condado de Santa Cruz, falleció en el año 2005. Pero entre 1956 y 1963 fue jefe de publicaciones técnicas de la sección de investigación y desarrollo de Rocketdyne, empresa encargada de desarrollar los motores para el proyecto Apolo. Kaysing, quien dejó para la posteridad su libro "We never went to the Moon: America's thirty billion dollar swindle", defendió durante el resto de su vida la teoría del montaje de la NASA, que define como "el mayor fraude de la Historia". Su teoría está perfectamente resumida en el estupendo libro "20 grandes conspiraciones de la Historia", firmado por el brillante Santiago Camacho:
   La NASA no podía ir a la Luna y ellos lo sabían. Durante ese tiempo yo estaba habilitado por la Comisión de la Energía Atómica para acceder a información clasificada como alto secreto. Esa cualificación me permitió acceder a los secretos del desarrollo de los proyectos Mercury, Gemini, Atlas y el futuro Apolo. Gracias a mi experiencia como escritor técnico comprendí que había muchas cosas que la industria aeroespacial y la NASA hubiesen querido hacer, pero que nunca hicieron. Dicho de otra forma, no tuvieron tantos éxitos como pretendían.
   (...) A finales de los años cincuenta, cuando yo estaba en Rocketdyne, hicieron un estudio de viabilidad de un viaje con astronautas que aterrizaran en la Luna. El resultado fue que las posibilidades de éxito eran de apenas un 0,0017 por ciento. En otras palabras, era imposible. (...) Sin embargo, ambos -la NASA y Rocketdyne- querían que el dinero siguiera fluyendo. He trabajado en la industria aeroespacial el tiempo suficiente como para saber que ésa es su única meta. (...)
   Por lo tanto, ¿logró el ser humano apoyándose en la insuficiente y precaria tecnología de 1969 enviar a tres astronautas a la Luna y darles el soporte vital necesario para sobrevivir y regresar sanos y salvos?. ¿Porqué cuatro décadas después ningún ser humano ha vuelto a pisar la superficie lunar?. Si la tecnología de 1969 permitió al hombre llegar a la Luna, en los siguientes 40 años -y de haber continuado dicha progresión- ¿no es razonable pensar que en las cuatro décadas siguientes -en las que se experimentó el mayor avance tecnológico de toda la historia de la humanidad- hubo tiempo más que de sobra para haber podido desarrollar la tecnología necesaria para poner el pie en Marte?. (Continuará...)
 

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